Cuando el líder de Iron Maiden decidió dar un concierto en la ciudad sitiada de Sarajevo

0
507
Bruce Dickinson durante su concierto en Sarajevo
Bruce Dickinson durante su concierto en Sarajevo

Todo comenzó con una pregunta: «¿Te gustaría hacer un concierto en Sarajevo?». Cuando te invitan a ir a tocar a una ciudad que lleva dos años sitiada lo más normal es decir que no. Precisamente eso es lo que respondieron grupos como Metallica, Rolling Stones o Motörhead cuando se lo ofrecieron. Sin embargo, si te llamas Bruce Dickinson y acabas de dejar Iron Maiden, una de las bandas de heavy metal más importantes de siempre, la historia cambia.

 

«No estábamos protegidos, no había ningún plan y las balas eran reales, pero ¡qué diablos!, nos fuimos de todos modos», recuerda Bruce Dickinson en su autobiografía, que se acaba de traducir al español, «¿Para qué sirve este botón?» (Libros Cúpula). En esta obra, el músico narra sus peripecias a lo largo de una prolija carrera musical que le ha llevado a tocar ante miles de personas en escenarios de todo el mundo. Entre ellos, quizá el menos fastuoso fue el del Centro Cultural de Bosnia, que pisó el 14 de diciembre de 1994.

Nada más colgar el teléfono, Dickinson se puso manos a la obra. En cuanto reunió una banda y realizó todas las gestiones necesarias, cogió un vuelo militar a la ciudad croata de Split. Desde allí, en teoría, el grupo sería desplazado en helicóptero hacia Sarajevo. Sin embargo, como suele ocurrir en estos casos, el plan no salió como se esperaba. «¿Sois los tíos de la banda de rock and roll? Pues lo siento, pero tenéis que regresar a casa. Aquí están las tarjetas de embarque», les explicó un coronel británico de la ONU nada más aterrizar. Sin embargo, el grupo estaba decidido a seguir adelante.

«En realidad, el peor de los casos era volar en mil pedazos por un proyectil antiaéreo serbio o una mina terrestre o ser alcanzado por la bala de un francotirador», recuerda Dickinson. El líder de la banda decidió someter a votación el plan. Explicó a los demás que en caso de que alguno prefiriese volver a casa ninguno se dirigiría a la ciudad sitiada. A pesar de los peligros, todo el mundo estuvo de acuerdo en dirigirse a la ciudad sitiada.

Finalmente fue la Serious Road Trip, una ONG encargada de enviar convoyes de socorro a zonas que la ONU consideraba demasiado peligrosas, la encargada de llevar a los músicos hasta la cima del monte Igman. Una vez allí, serían recogidos por el ejército, que les conduciría hasta el interior de Sarajevo. El autobús de la ONG era de color amarillo y llevaba en la carrocería, a modo de «camuflaje», dibujos de Astérix, Félix el Gato y el Correcaminos. Durante el trayecto, Dickinson se entretuvo con una botella de whiskhy Jameson que llevaba en el interior de su mochila.

Camino al frente

Ir a Sarajevo en 1994 no era no era ninguna broma. La Guerra de Bosnia, que fue la más sangrienta desde la Segunda Guerra Mundial, «despertó el continente a un horror que creía haber dejado atrás», como recordó en un artículo 25 años después del inicio del conflicto el periodista Nedim Hassic. Todo comenzó el 1 de marzo de 1992, cuando el 63% de los bosnios votó por la escisión de Yugoslavia. A los dos días se proclamó la república de Bosnia-Herzegovina, algo que los serbios no estaban dispuestos a aceptar. Lo que vino después fue uno de los episodios más oscuros en la historia de Europa: la persecución croatas, bosnios y musulmanes, el asesinato de miles de civiles, la violación de 50.000 mujeres y la diáspora de millones de personas.

Sarajevo, capital de Bosnia-Herzegovina, batió todos los récords convirtiéndose en la ciudad que más tiempo había soportado un asedio desde el siglo XVIII; duró casi cuatro años. Desde los montes colindantes, el Ejército Popular de Yugoslavia y al Ejército de la República Srpska -conformado por serbobosnios- barrían con artillería la urbe asediada a diario.

El periodista español Alfonso Armada fue testigo de esta situación como corresponsal. El 27 de septiembre de 1992 publicó lo siguiente respecto a la ciudad sitiada: «La batalla de Sarajevo no es, en puridad militar, una batalla. Es un cerco que parece perseguir el exterinio de sus 350.000 habitantes -musulmanes, serbios, judíos y croatás- como estrategia para lograr su rendición».

Cuando Bruce Dickinson y el resto de músicos se aproximaban al monte Igman, un hombre con un AK-47 le cortó el paso al camión. Resultó ser un soldado bosnio que quería que le acercasen hasta el pie de la montaña. Le recogieron y compartió la parte de atrás del vehículo con la banda hasta que llegaron al monte. Tras dejar al militar donde había pedido, el vehículo comenzó el ascenso hasta el punto en el que debía encontrarse con el ejército. Fue allí donde Dickinson vio de cerca, por primera vez, los estragos de la guerra: «Cada pocos cientos de metros encontrábamos un drama bélico: dos ambulancias blancas con cruces rojas, ventanas cerradas, agujeros de bala en las puertas, sangre corriendo por los costados; un camión de basura lleno de combatientes que regresaban desalentados a lo que quedaba de la ciudad».

Los músicos llegaron a cima del monte Ignam con la noche ya entrada. A la mañana siguiente, los blindados que debían transportarles hacia la ciudad sitiada no habían llegado todavía y les informaron de que si deseaban llegar a Sarajevo tendrían que descender por sus propios medios, allí les recogerían y les conducirían al interior de la localidad.

Los niños de Sarajevo

Los músicos bajaron con el vehículo de dibujos animados hasta los pies de la urbe. Sarajevo se presentaba ante sus ojos como una urbe completamente en ruinas. Edificios destrozados por los constantes bombardeos del ejército serbio; agujeros de bala por todas partes -en muros, ventanas y coches-; calles sembradas de escombros y familias sin hogar en el que guarecerse de los ataques de los serbios. El grupo llegó a pasar por el bulevar Mese Selimovica, que era conocido como «avenida de los francotiradores». Una zona tomada por especialistas serbios en la que los proyectiles silbaban intermiténtemente día sí y día también. Cada vez que recorrías esa calle «tirabas los dados», explica el líder de Iron Maiden. Y eso solo era la fachada. La cima del iceberg de una guerra en la que murieron más de 100.000 personas.

«Tenían menos de tres días de suministro de alimentos y diésel, y no había electricidad. Fue brutal. Entrar ahí, incluso siendo tres o cuatro días, se sintió como toda una vida», dijo Dickinson a «Rolling Stone» en una entrevista publicada en 2017 sobre la situación en la que se encontraban los habitantes de Sarajevo.

Después de realizar una rueda de prensa con los grupos que les acompañarían aquella misma noche (los autóctonos «Sikter» y «Allmanah»), el líder y el resto del grupo tuvieron la oportunidad de visitar un orfanato. Sobre los niños que allí residían, el músico británico dice que «sus expresiones eran como máscaras, carentes de emoción, sin contacto humano».

La banda fue alojada en la antigua Villa Olímpica. El emplazamiento que había acogido a los deportistas que participaron en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984, ahora funcionaba como sede de la ONU. Allí descansaron hasta el anochecer, cuando realizaron una rueda de prensa junto a los grupos locales que iban a participar en el concierto. Durante la conferencia se sirvieron unos canapés hechos con galletas saladas y ketchup.

 

Leer más…

Déjanos tu opinión

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here