Málaga: la batalla en la que la pérfida Inglaterra arrancó la pierna a Blas de Lezo

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Representación de Blas de Lezo en el nuevo cómic sobre su vida
Representación de Blas de Lezo en el nuevo cómic sobre su vida

Blas de Lezo y Olavarrieta (1689-1741) es conocido a día de hoy como el hombre que defendió Cartagena de Indias de una gigantesca flota inglesa allá por 1741. Un héroe cojo, tuerto y con un único brazo funcional que no se doblegó ante Edward Vernon a pesar de que este contaba con (atendiendo a las fuentes) casi 200 bajeles a sus órdenes.

 

Sin embargo, tan cierto como que alcanzó su cenit militar en aquella contienda es que participó en otras tantas en las que se dejó la vida (y las extremidades) por España. Quizá la más olvidada de ellas sea la de Vélez-Málaga, acaecida en 1704 en plena Guerra de Sucesión. El enfrentamiento en el que perdió la pierna izquierda.

Aquella jornada, una flota franco-española al mando del jovencísimo conde de Toulouse (Luis Alejandro de Borbón) se batió el cobre, el acero, y todo aquello que se terció a la altura de Málaga contra la pérfida Royal Navy. Todo ello, con un objetivo: reconquistar la recién tomada plaza de Gibraltar. Y en las tripas de uno de aquellos mastodontes de madera se hallaba el guardiamarina Lezo, de apenas 15 años, ansioso por perder su virginidad militar. Le fue bien a medias ya que, a pesar de que mostró un valor exagerado para su edad, se despidió de su pierna izquierda, la cual le apuntaron a la altura de la rodilla.

Esta contienda desaparecida de los libros de historia es, precisamente, con la que arranca «Lezo», un cómic elaborado por el mismo equipo que ya dio vida a «Espadas del fin del mundo» y que, en este caso, busca rememorar de forma gráfica las aventuras de uno de los marinos más famosos de nuestro país. La obra -para la que actualmente se están recaudando fondos a través de la página de «crowdfunding» «Verkami»- no puede ser mejor. Y es que, además de narrar los pormenores de una historia que se ha hecho popular en los últimos años (pero que todavía alberga más oscuros que claros para el público), también cuenta con los trazos de un dibujante que ha trabajado para compañías como DC o IDW.

«Se ha escrito mucho sobre Lezo en los últimos años, pero hasta ahora no había sido llevado a las imágenes con este despliegue de medios. Es una pena, porque tanto los personajes como la batalla en sí misma tienen un potencial visual increíble. El cómic es un gran medio para el relato histórico, ya que permite mostrar con fidelidad y sin limitaciones de producción todos los detalles de la época», explica a ABC Ángel Miranda, uno de los tres miembros del equipo que se encuentra al timón de esta aventura gráfica.

Gibraltar

Conocer las causas que provocaron esta contienda nos obliga a retrotraernos en el tiempo hasta el año 1700. La misma época en la que España (y el mundo) andaba a sablazos después de que Carlos II -más conocido como el «hechizado»- falleciera y dejara el trono huérfano tras no lograr engendrar retoño alguno. El triste suceso (que no debía tener en principio mayor repercusión debido a que el monarca designó como su sucesor a Felipe de Borbón) terminó provocando la llamada Guerra de Sucesión cuando varias naciones trataron de imponer como rey al Archiduque Carlos (de la casa Austria).

La contienda no pudo ser más propicia para nuestra eterna enemiga, la pérfida Albión. Y es que, ansiosa de molestar lo más posible, Inglaterra dio su apoyo al Archiduque e inició una campaña de acoso por mar que, entre otros tantos objetivos, buscaba desesperadamente hacerse con Gibraltar (todavía bajo bandera rojigualda).

Para desgracia española, los «british» lograron su objetivo en 1704, cuando el almirante George Rooke -un ferviente seguidor de los golpes de mano- plantó sus naves anglo-holandesas ante el peñón y logró arrebatárselo a los escasos 70 valientes que defendían la ciudad. La bandera enemiga fue enarbolada el 4 de agosto para indignación de una valiente guarnición que se negó a rendirse a pesar de las continuas ofertas enemigas.

Frente a frente

Como reacción a esta dolorosa afrenta al territorio español, Felipe V respondió organizando una flota franco-española a las órdenes del mencionado conde de Toulouse y del veterano Jean D’Estrées como segundo. Según explica el doctor en historia Gonzalo Quintero Saravia en «Don Blas de Lezo. Biografía de un marino español» (Edaf, 2016), a sus órdenes puso -nada más y nada menos- que un centenar de buques. Un total de «51 navíos de línea de entre 70 y 100 cañones cada uno, 6 fragatas, 8 naves incendiarias, varias decenas de barcos de transporte y 12 galeras». La flota resultante aunaba, en definitiva, 3.577 cañones y 24.000 hombres.

¿Dónde sentaba sus reales Blas de Lezo como guardiamarina? Según Quintero Saravia, en el «Foudroyant», la capitana gala de 104 cañones. Es decir: el bajel que tenía la responsabilidad de mantenerse estoico y repartir órdenes (las pocas que podían darse en plena contienda debido al caos que se creaba) entre los aliados. Por entonces su tarea distaba mucho de la que tendría que acometer casi cuatro décadas después en Cartagena de Indias. «El papel de don Blas como guardiamarina estaría circunscrito a asegurarse de que el fuego de las piezas puestas a su cargo fuese constante», añade el experto.

 

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