Alcohol, un cadáver y ninguna autopsia: la maldición que tumbó al último Kennedy

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Imagen de Jason Clarke, protagonista de «El escándalo Ted Kennedy»
Imagen de Jason Clarke, protagonista de «El escándalo Ted Kennedy»

En el accidente de Ted Kennedy en Chappaquiddick no solo murió la secretaria Mary Jo Kopechne, también la última esperanza del patriarca de la familia de ver a otro hijo en la Casa Blanca. Casi medio siglo después del incidente, «El escándalo Ted Kennedy», dirigida por John Curran, aborda los cabos sueltos del misterioso caso.

Joe, el mayor de los hermanos, víctima de la Segunda Guerra Mundial; John, de un magnicidio dentro del vehículo oficial en Dallas, y Bobby, asesinado en Los Ángeles casi tres meses después de anunciar su carrera a la presidencia. No es el guión de una macabra película, ni el boceto de una obra de Shakespeare, sino el currículum de fatídicos sucesos de lo más cercano a una familia real que ha tenido América. La muerte de los tres hijos mayores de Joe Kennedy Sr. impulsó la carrera política de Teddy, el benjamín de una dinastía llamada a prolongar su particular Camelot. Pero el peso del legado fue excesivo para el pequeño de la estirpe bostoniana, que sucumbió a la maldición de una familia marcada por la tragedia cuando hundió su Oldsmobile 88 negro en la isla de Chappaquiddick. Ese 18 de julio de 1969 el hombre que estaba llamada a acabar con las aspiraciones de Nixon terminó dejándose la presidencia de Estados Unidos en el asiento del coche, en el fondo del lago Poucha, junto al cadáver de Mary Jo Kopechne.

A punto de cumplirse medio siglo del incidente y casi una década después de que un tumor terminase con la vida de Edward Moore Kennedy, el director John Curran vuelve la vista al altercado que sentenció la carrera política del que, aún hoy, es considerado por muchos un héroe en América. En la película «El escándalo Ted Kennedy», que se estrena este viernes en España, intenta «desmitificar la leyenda que les rodea» a través de una «mirada fresca y moderna». Volver la vista atrás porque «la historia se está repitiendo» y porque «a veces, mirando al pasado, se puede arrojar luz sobre el presente». «En EE.UU. tenemos a un criminal de presidente», cuenta Curran sobre Donald Trump en una entrevista a ABC. Y, a pesar de «mirar atrás para sacar lecciones que aplicar hoy en día», el realizador cree que «los republicanos que vean esta película odiarán a Ted Kennedy todavía más de lo que ya lo hacían y los demócratas seguirán pensando en él como un héroe».

El menor de los nueve Kennedy organizó una reunión informal cerca de la isla de Martha’s Vineyard. Había alcohol. Y solo dos coches para seis hombres casados y seis mujeres solteras, todas ellas voluntarias del círculo profesional del senador. Según su declaración posterior, Teddy Kennedy cogió el Oldsmobile y acompañó a Mary Jo al ferry, pero se desvió de camino. Derrapó en un puente tras una curva y se estrelló contra el agua. No consiguió recordar cómo salió del coche, pero dentro se quedó la joven de 28 años, que murió, según el informe oficial, por ahogamiento. Nunca hubo autopsia. Después de varios intentos por sacarla del vehículo, Kennedy volvió junto al resto. Nueve horas después, dio el parte a la Policía. Los testigos, si los hubo, guardaron siempre silencio.

«Accedimos al informe judicial y entrevistamos a personas que estuvieron allí. Si excavas lo suficientemente profundo, verás que todo en la película está basado en hechos reales», asegura Curran, que reconoce, que a pesar de ceñirse a los hechos, se tomaron «licencias dramáticas»: «El número de horas que tardó en reportar el accidente, que estuviera bebido como él mismo admitió… nosotros no mostramos cuánto bebió ni que tuviera sexo con ella porque todo el mundo que estaba allí aquella noche lo negó, pero que hubiese seis hombres casados allí y seis chicas es un indicio de que algo estaba pasando, aunque no quisimos estira algo que no pudimos confirmar».

El escándalo truncó su carrera a la presidencia, no así su futuro político, legitimando su apellido como senador sénior del estado de Massachusetts hasta su muerte, natural, a los 77 años.

Una semana después del incidente, Teddy Kennedy le habló a toda América. Días después de que Armstrong pisase la Luna, la promesa demócrata, a la que llamaban el «león del Senado», dijo estar abrumado por «el dolor, el miedo, la duda, la tortura, el pánico, la confusión y la extenuación», llegando a preguntarse si esa «horrible maldición sobre todos los Kennedy» no sería cierta. «Quizás es así como funciona el karma: fueron una familia extremadamente rica que fue equilibrada con una horrible tragedia (…) Esos jóvenes murieron uno a uno y, al final de la década, la carrera de Teddy se arruinó», explica el realizador estadounidense que, a pesar de admirar a todos los hermanos Kennedy, «incluso a Ted», es incapaz de justificar, casi cincuenta años después, cómo actuó el político.

«Creo que sus grandes expectativas de convertirse en presidente le hicieron entrar en pánico y simplemente quería irse a casa, meterse en la cama, esfumarse y que alguien se lo solucionase. Otra parte de él, sin embargo, sabía que no estaba bien mentalmente, que su carrera había acabado, que estaba en shock. Pero no se le podía defender de ninguna manera: si estaba en shock, si estaba todavía estaba ebrio y sabía lo que hacía… no importa realmente. Lo que importa es que su primer instinto fue salvarse a sí mismo y no a la otra persona», concluye el director de «El escándalo Ted Kennedy».

Un misterio por resolver

A punto de cumplirse medio siglo del accidente en Chappaquiddick, todavía colean varias cabos sueltos sobre el misterioso caso; unas lagunas que impiden justificar las contradicciones en el comportamiento de un político impecable en el Senado. Los rumores, al acecho de cualquier controvertido incidente, siguen enturbiando aún más las aguas que sepultaron el Oldsmobile. Así, nunca se ha podido demostrar una relación extramatrimonial entre Ted, casado desde hacía once años, y Mary Jo Kopechne, ni tampoco que la secretaria estuviera embarazada.

Quienes pueden esclarecer las dudas o cualquier atisbo de sospechosa nunca han hablado. «Hay cinco mujeres que todavía están vivas, estuvieron allí esa noche y se negaron a defender a su amiga, salir y decir lo que había pasado realmente. Hay más de la historia que no sabemos pero hasta que una de esas mujeres hable… Alguna de ellas sigue trabajando, son mujeres con poder, y se negaron a hablar sobre ello. Y todavía sin querer hacerlo», sentencia Curran, que no duda en señalar la responsabilidad del patriarca de la familia, cuyas expectativas puestas en sus hijos, asegura, «los mataron a todos en cierto modo». «Persiguiendo las ambiciones de su padre, todos esos chicos tuvieron un final trágico incluso Teddy», concluye el realidador estadounidense.

 

 

 

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