O.K. Corral: El mitificado tiroteo que Hollywood convirtió en leyenda del Salvaje Oeste

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«O.K. Corral», por Kenneth Wyatt
«O.K. Corral», por Kenneth Wyatt

Cuando uno piensa en el Salvaje Oeste, lo más normal es que lo primero que se le venga a la cabeza sean las típicas imágenes de los viejos Western de Hollywood. Duelos entre pistoleros, asaltos a trenes, carteles de «se busca» y desiertos yermos en los que tan solo crecen cactus. Todo ello acompañado por la música de Ennio Morricone o Jerome Moross y algún que otro matojo rodando. Después de batirlo, lo que nos queda es una escena arquetípica. Sin embargo, la pregunta que debemos hacernos es la siguiente: ¿responde a la realidad de la época?.

Lo cierto es que no, o, al menos, no del todo. No, porque, como podrán imaginarse, no todos los días y, sobre todo, no en todo el Oeste, era habitual que el sheriff del lugar tirase de revólver para agujerear a balazos al bandido de turno. Por el contrario, entre los incipientes pueblos que salpicaban esta zona de los Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XIX, los había también relativamente seguros.

Esto no significa que el Oeste fuera un remanso de paz. Ni mucho menos. La vida de los colonos era dura y, efectivamente, había sitios en los que la violencia se había convertido en un problema grave. Algunos de ellos han pasado a la historia y todavía son recordados. Ese es el caso, por ejemplo, de Tombstone (Arizona) y del famoso tiroteo de O.K. Corral. Quizá el duelo más recordado entre todos los que tuvieron lugar en el Far West.

«Este tiroteo fue un suceso de proporciones legendarias que ha sido llevado al cine en numerosas ocasiones y que, sin duda, es uno de los más controvertidos de la historia del Salvaje Oeste y también uno de los de fama más desproporcionada», señala Gregorio Doval en su libro « Breve Historia del Salvaje Oeste. Pistoleros y forajidos» (Nowtilus). Las motivaciones del duelo, mitificado hasta cotas extremas gracias al cine, todavía no han quedado completamente esclarecidas. Lo que sí que está claro, y meridiano, es que O.K. Corral fue el epílogo de una turbulenta historia de enemistad entre tres agentes de ley, los conocidos hermanos Earp, y una banda de forajidos conformada por dos familias: los Clanton y los McLaury.

Enemistad

Virgil, el mayor de los Earp, accedió al cargo de marshall de Tombstone en octubre de 1880. Sus hermanos, Wyatt y Morgan, servían bajo sus órdenes como ayudantes. La enemistad con los Clanton y los McLaury tuvo su inicio con una venta de ganado que había sido robado por estas dos familias. Ese fue el principio; pero el problema entre las dos facciones tuvo muchas, muchísimas más aristas. Tantas que da para un culebrón.

Parece ser que los Earp llegaron a acabar con la vida del patriarca de los Clanton en una refriega cerca de la frontera con México. Al mismo tiempo, el sheriff del condado, John Behan, que tenía un acuerdo con los bandidos para hacer la vista gorda con sus fechorías de vez en cuando, se disputaba con Wyatt el amor de una bailarina. Para más inri, este último estaba convencido de que los Clanton le habían robado su caballo.

De este modo, según pasaban los meses en 1881, los asaltos y los arrestos se sucedieron hasta que todo terminó por saltar por los aires con la detención de Ike Clanton y Tom McLaury el 26 de septiembre de 1881. Los dos bandidos habían llegado a Tombstone el día anterior y habían tenido un rifirrafe con un famoso pistolero y amigo íntimo Wyatt: Doc Holliday. El enfrentamiento, que estuvo cerca de terminar en duelo a las puertas del saloon del pueblo, le dio a los hermanos Earp la escusa perfecta para arrojar a los dos forajidos al fondo de una celda. Los Earp arguyeron que estaba prohibido portar armas de fuego en la localidad. Cosa que era cierta, pero que no se aplicó en el caso de Holliday.

Tras obligarlos a pasar un día entre rejas, decidieron poner a los bandidos en libertad, pero desarmados. Sin embargo, la noticia del arresto ya había llegado a oídos de Billy Clanton y Frank McLaury, hermanos de los reos. Estos, acompañados por el pistolero Billy Claiborne, habían decidido dirigir sus pasos a la ciudad ese mismo día 26 para proteger a sus familiares. Una vez en Tombstone, todos se reunieron en un solar cercano al O.K. Corral.

Cuando los Earp se enteraron de la llegada de Billy y Frank, decidieron acudir en su búsqueda junto a Doc Holliday. Pero John Behan, el sheriff, que se encontraba también en la ciudad, llegó antes al descampado. El agente le pidió a los forajidos que entregasen las armas. Sin embargo, estos solicitaron que el marshall y sus ayudantes hiciesen lo propio primero, por lo que los esfuerzos de Behan fueron en balde. Cuando el sheriff abandonaba el lugar se encontró con los Earp, y, según afirmó posteriormente Wyatt ante un jurado, este les dijo que pese a la testarudez de los Clanton y los McLaury, finalmente estos habían accedido a entregar sus revólveres.

30 balas en 30 segundos

En contra de lo que se suele creer, los Earp no eran tan buenos pistoleros como se les supone. De los tres hermanos, el más cualificado en este aspecto era Virgil, que había combatido en la Guerra Civil. Sin embargo, Wyatt, que es, además, el más famoso, había desempeñado varios oficios antes de convertirse en ayudante de su hermano. Desde cazador de búfalos hasta granjero, su única experiencia previa como agente de la ley había sido en la ciudad de Dodge City. Sus rivales, por otra parte, tampoco eran los más rápidos del Oeste. Entre los Clanton y los McLaury, Frank era el que más destacaba por su habilidad con el revólver.

Independientemente de la habilidad como pistoleros de los duelistas, lo que ocurrió en el O.K. Corral momentos antes del tiroteo no ha sido completamente aclarado hasta la fecha. Parece ser que nada más llegar, Virgil Earp le pidió a los recién llegados que le entregasen sus armas. Sin embargo, estos, como era de esperar, se negaron. El duelo duró unos 30 segundos. Tiempo suficiente para disparar unas 30 balas y para que los agentes de la ley mandasen al cementerio a los dos hermanos McLaury y a Billy Clanton. Virgil y Morgan Earp, así como Doc Hollidy, resultaron heridos; mientras que Wyatt logró salir indemne.

El resultado fue una clara victoria del clan Earp, que se benefició de que los dos hermanos que habían sido arrestados el día anterior permanecían desarmados. Parece ser que ambos echaron a correr cuando comenzaron los disparos; lo mismo hizo Billy Claiborne, que tampoco llevaba armas. Tom McLaury recibió un tiro mortal durante la huida. La alegría, de todos modos, no les duró mucho. Tras el tiroteo John Behan entró de nuevo en escena, pero esta vez para ponerle las esposas a los los tres hermanos y a Doc Holliday. Sin embargo, durante el juicio preliminar se dictaminó que no había suficientes pruebas contra estos. Seguramente el parentesco de los Earp con el juez al cargo del caso, Wells Spicer, tuvo mucho que ver con esta decisión. Pero la cosa no quedó ahí.

 

 

 

 

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